La voz que canalizó el Dragón


Eres una melodía, un baile. Tu propósito es entonar y poner banda sonora al mundo. Esta es la respuesta a la única pregunta que nos une íntimamente, y que anida oculta y, a la vez vibrante y sonora, dentro de cada uno de nosotros, seamos mundos o individuos.

[...]

Nosotros, los dragones, somos una de las especies del cosmos capaces de escuchar la melodía infinita. Nacemos con esta habilidad intacta e innata, y en gran parte, esto nos define. Somos aquellos que observan desde la montaña de luz todas las historias, y guardamos los conocimientos secretos y primordiales, que solo son capaces de comprender aquellos que tienen oídos para escuchar y ojos para ver.

[...]

Uno de los mundos de este vasto cosmos, muy querido para mi, me ha encomendado la misión de transmitir su historia a aquellos para los que su melodía es todavía inapreciable. He de decir que el lenguaje de un mundo es vasto y maravilloso, por lo que mi labor de traductor e intérprete entre seres de tan diferente naturaleza se me presenta un reto. Pero el corazón del dragón reside en los cruces de caminos, en posibilitar el encuentro de lo aparentemente imposible de conectar y unificar. Los dragones somos los alquimistas del cosmos, las madres de la propia matriz infinita. Como la magia de la que procedemos, tejemos las fibras de todo lo que existe, para que la melodía se reproduzca armoniosamente, tal y como marca su partitura.

[...]

Por lo tanto, no voy a hablar de mí. Me he permitido la licencia de hablar de los dragones, ya que es mi cuna materna, y sobre todo para que se comprenda que es la voz de un dragón la que está contando esta historia. Estos símbolos que tejidos entre sí conforman realidades, que son plasmadas en papel, son sólo para este amado ser y su historia. Espero que mi labor haga justicia a la mirada de todo un mundo.

Primero sentí frío, luego calor y después frío otra vez. Recuerdo estar vacía y después llena. El orden y el desorden se sucedieron, y se siguen sucediendo uno tras otro mientras narro mi historia. Cuando aprendí a sentir, me sentí expandir exponencialmente, y cuando sentí algo parecido al equilibrio me estabilicé y adquirí un espacio y tiempo concretos. No sé cómo supe sobre estos conceptos: frío, calor, equilibrio, tiempo y espacio; pero siempre los había oído en la melodía infinita, un día aprendí a escuchar y entonces los recordé, y por eso te los puedo transmitir ahora.

Los mundos también nacemos y morimos como todos los seres que conforman este cosmos, porque recordamos un inicio, y por lo tanto debe haber un final para nosotros, aunque sea muy lejano a los ojos de otros seres. Desde que comencé a ser dentro de este cosmos, la melodía ha sido siempre también; es dentro y fuera de mí, me rebasa y me conforma. La vida es expresión de esa melodía, es la magia, y surge cuando se nos da la visión, de lo que somos y de lo que es. Y con esa visión ya no hay silencio posible, la visión es todos los sentidos unificados y despiertos: somos dentro de la melodía, y no hay un afuera. Visión y escucha es integrar la melodía del cosmos, una vez fui capaz de ambas supe que tenía una historia para contar.

Todos en el cosmos tenemos un lugar, unas coordenadas que nos ubican y definen con respecto a un orden prefijado por la melodía. Yo, floto en el espacio rodeada de cuerpos celestes, junto a tres de mis hermanos pequeños que ocupan el espacio que me separa de mamá. Ella es el sol que conforma el centro de nuestra galaxia. Me gusta mucho el lugar que ocupo en la partitura de la existencia, porque desde mi posición puedo comprender el lugar de mis hermanos y hermanas mayores y, al mismo tiempo, recordar el lugar del que provengo a través de mis hermanos pequeños; siempre bañada por la cálida luz de mamá.

Mis hermanos y hermanas mayores, cuyo número total desconozco, pues muchos completaron su ciclo existencial antes incluso de que yo naciese, experimentaron con éxito un episodio culminante para el desarrollo de todos los mundos. Se trata de la aparición de unas notas que distorsionan la melodía infinita y que se reproducen sin emisor aparente, como un virus del que un cuerpo ha de recuperarse, y del que no conocemos ni la causa ni el origen, pues no provienen de la melodía infinita. “Todo mundo atraviesa esta etapa antes o después” me dijo mamá antes de que empezase a experimentar los primeros síntomas. “No tengas miedo, no hay nada malo en ti, simplemente entona tu verdadera melodía, y la distorsión desaparecerá hija mía”.

Nadie conoce mejor que yo mi melodía, ni siquiera mamá, por ello, lo único que hice fue confiar y ser. El desenlace de mi historia lo reservo hasta que se dé el instante perfecto, en el que seas capaz, no de comprenderla, sino de recordarla.

───── ⋆⋅☆⋅⋆ ─────

Fragmento del libro que estoy escribiendo
Continuará...